miércoles, 25 de agosto de 2010

Kavafis

Cuando bajaba por la escalera deshonrrosa,
por la puerta entrabas, y un instante
vi tu rostro desconocido y me viste.
Luego me escondí para que no me vieras de nuevo, y tú
pasate rapidamente ocultando tu rostro,
y te metiste en la casa deshonrrosa donde
no ibas a encontrar, como yo no lo encontré, el placer.
Y sin embargo yo tenía el amor que tú querías para dártelo;
el amor que yo quería-tus ojos me lo decían,
fatigados y equivocos-tú lo tenías para dármelo.
Nuestros cuerpos lo sentían y se buscaron;
la sangre y la piel nos comprendieron.
Pero ambos nos escondimos, azorados.

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