martes, 1 de enero de 2013

Hermoso texto de Abilio Estévez sobre Virgilio Piñera.


'No creo que haya vuelto a divertirme como me divertí aquellos cuatro años que duró mi amistad con Piñera. También podría decir que fueron los peores años de mi vida'.
DDC cierra con este texto el homenaje por el centenario.
1. No era un hombre alto, sí extraordinariamente delgado, con un andar breve, ligero, que abusaba de las puntas de los pies, como quien camina sobre celajes. Por las fotografías, se conocen bien la frente amplia, la nariz curva, la barbilla exigua, los labios carnosos, que creaban lo que suponemos un perfil de halcón peregrino, un perfil dantesco. Las fotografías no revelan, en cambio, el encanto de los ojos, de un color entre el ámbar y el verde, con una mezcla de tristeza, melancolía, inteligencia y, por supuesto, mordacidad. Miope al fin, en la calle usaba espejuelos antiguos, de esos que se llaman afáquicos.
Las fotografías tampoco descubren la belleza de las manos, de una extraña juventud. Si hubiera querido ocultarse y mostrar solo las manos, ustedes habrían creído que era un chico de veinte años. La voz parecía escapar desde el fondo de una campana de hojalata. La inteligencia y, como consecuencia, el sentido del humor, se enlazaba con la imaginación siempre excitada, rasgo que lo rejuvenecía aún más.
Tenía salidas de adolescente. Era juguetón, intelectualmente juguetón, y no sé si la frase sea apropiada. Quiero decir: jugaba con las ideas y aunque sabía ponerse serio, su conversación estaba siempre repleta de paradojas y, sobre todo, de incitaciones, de opiniones y conceptos que luego, cuando se despedía, quedaban resonando con la intensidad de los repiques de aquella misma campana de hojalata de la que escapaba su voz.
Salvo contadas excepciones, vestía como un hombre que se prepara para un corte de caña (aunque él hubiera dicho que se vestía como quien se va a herborizar): zapatos que, aunque no eran botas, lo parecían: eran las que daban por cupones en los centros de trabajo; pantalón ancho, de tela mala; camisa de caqui gris con bolsillos de tapas, una talla más grande. Limpio y bien planchado, a pesar de que sostenía que sólo se bañaba los sábados.
Nunca sudaba, ni bajo el más perverso de los mediodías. La jabita de yute con la que se iba a "forrajear" (verbo que se usó mucho en esa época, con su carga de correteo, de rastreo y de comida para caballos) y con la que se llegaba hasta el Supercake de Zapata y Belascoaín, en busca de los pies de guayaba, no parecía en sus manos una jabita de yute. Había algo distinguido en aquel hombre llamado Virgilio Piñera que lo diferenciaba del resto de personas que bebían café en el quiosquito del night club Las Vegas, frente a Radio Progreso, o forrajeaban y subían y bajaban con jabitas similares por las calles Infanta y San Lázaro.
Raymond Queneau. (TOPZINE.CZ)
2. Un poco por propia decisión y un mucho por decreto ajeno, llevaba casi una vida de eremita. También son famosas sus rutinas: leer mucho, jugar canasta, acostarse temprano y levantarse mucho antes del amanecer, a traducir algunos buenos libros como Camino de Europa, de Ferdinand Oyono; algunos que dan gracia, como Noup, héroe de las montañas o Las pantuflas del venerable jefe del distrito.
En el mejor de los casos, tenía tiempo para sentarse a escribir. Su casa era lo más parecido a una celda y eso tiene que ver, por supuesto, con su decisión. Lezama, por ejemplo, que había sido igualmente convertido en cadáver civil, tenía su pequeña, húmeda y oscura casa, atestada de libros, de papeles, de cuadros de Saura, Arche, Portocarrero, Mariano, Arístides Fernández; algunas pequeñas estatuas y piezas de arte, incluso una talla en madera del padre de Alba de Céspedes, adornaban las estanterías de Trocadero 162.
El apartamento de Piñera, en cambio, tenía las paredes casi vacías. Cuando tuvo buenos cuadros, los vendió religiosamente para sobrevivir paganamente. Pocos muebles: un sillón (el que se ve en la foto famosa), una butaca de muaré, casi sin muaré, con los muelles visibles, también famosa porque aparece en varios cuentos, como en "Un jesuita de la literatura". Un librero blanco con pocos libros. Se vanagloriaba de no almacenarlos, de tenerlos en su cabeza. Todo Proust en francés, las Memorias de ultratumba, las memorias de Casanova, las de Saint Simon, François le champí de George Sand, varios diccionarios; Las impresiones de África y las Nuevas impresiones de África, de Raymond Roussel; un autor que, a mi modo de ver, lo influyó mucho: Raymond Queneau; y Las flores del mal, por supuesto).
En aquella casa había, además, un pequeño y antiguo radio de pilas, para las noticias y para los días de ciclón (quiero decir, para las temporadas ciclónicas). Carecía de televisor. Los objetos más valiosos eran la máquina de escribir y el tocadiscos que le había regalado Maya Surduts cuando fue declarada persona non grata y debió abandonar Cuba.
Lo que más se escuchaba en ese maravilloso tocadiscos era Beethoven. Adoraba las sonatas para piano y violín, en especial la Sonata a Kreutzer. Y las sonatas para piano, en especial la Appassionata. Recuerdo el disco de Wilhelm Kempff con las sonatas para piano, que disfrutaba una y otra vez.
Theda Bara. (BORDERANGELUZ.BLOGSPOT.COM)
3. No creo que haya vuelto a divertirme como me divertí aquellos cuatro años que duró mi amistad con Piñera. No he conocido a nadie con tanto sentido del humor ni con tanta juventud, con tanto genio para ennoblecer literariamente las banalidades de una realidad horrorosamente heroica, la grotesca epopeya que nos tocó vivir. Un jardín le había construido el sueño para que en él soñara (y soñáramos) la realidad. A su lado todo se volvía literatura, brillo, inteligencia, agudeza y humorada (o boutade, como él habría preferido decir).
La conocida nota del Diario de Bioy Casares me parece una idiotez. Dice el estanciero Bioy: "A la noche comen en casa dos maricas cubanos de la revista Ciclón: Rodríguez Feo, el director, y Virgilio Piñera, el secretario de redacción. Rodríguez Feo es rico, buen mozo, menos literario que su amigo (…), Piñera es delgado, con cabeza de perro flaco, de empuñadura de paraguas; es modosito, silencioso y un poco lúgubre…"
Lo de maricas no merece análisis, aunque la frase suene a grosería de malevo-burgués-machista-de-mal-gusto, que no se esperaría del ingenio del autor de La invención de Morel. Lo de delgado, con cabeza de perro flaco y empuñadura de paraguas, es justo. Lo de modosito, silencioso y un poco lúgubre… Habría que ver qué personaje representaba Virgilio en la casa de aquel matrimonio Bioy-Ocampo, de la jet-set bonaerense. El Piñera, al menos el que conocí, no tenía nada de modosito ni de silencioso, mucho menos de lúgubre.
¿Qué habría pensado el masculino Bioy de los comentarios de Piñera cuando se encontraba con Gombrowicz y ambos se burlaban con tanto gusto de aquellos afrancesados? Ignoro cómo se comportaba Bioy Casares, siempre a la sombra de Borges, en cualquiera de las reuniones de San Isidro. En cuanto al modosito Virgilio de mi experiencia, era el centro irradiante. Quizá por eso resultaba a ratos inaguantable para ese otro centro irradiante llamado Lezama Lima.
Acaparaba la atención con larguísimas historias, maravillosamente bien hilvanadas y extraordinariamente divertidas. Por ejemplo, la historia que repetía, a petición nuestra, y que en cada ocasión se enriquecía con nuevos datos, la de aquel amigo suyo de Guanabacoa que podía adivinar el destino. No tiraba las cartas, no leía las manos, no usaba ningún medio tradicional de adivinación. Predecía el futuro gracias al estudio de las heces fecales. El escatológico adivino era capaz de formar la carta astral solo por los desechos excrementicios. Virgilio ponía especial énfasis en detallar su cuarto de trabajo y en describir el lugar donde trabajaba aquel hombre. Con gran responsabilidad histórica, poseía un largo espacio donde almacenaba la mierda de muchas insignes personalidades habaneras.
Otra historia tenía que ver con dos gemelas, pasmosamente iguales, prostitutas de alto standing. Un largo cuento, siempre mejorado con detalles, sutilezas, ritos, sobre la liturgia erótica y casi japonesa de las dos gemelas. Esta historia, sin embargo, tuvo un final. Sucedió la noche en que alguien se percató de que nunca había revelado el nombre de las gemelas prostitutas. Titubeante, cogido en falta, Virgilio suspiró, miró al techo y dijo o gritó: "Ah…, se llaman Lidia y Clodomira".
Refería asimismo los largos viajes en barco desde Santiago de Cuba hasta Buenos Aires; la inevitable fiesta de disfraces cuando se pasaba la línea del Ecuador, en las que él solía vestirse de Fedra o de Theda Bara. Y los subyugados capitanes de los buques, solían enamorarse de aquella Fedra o Theda Bara y la invitaban, lo invitaban, a la mesa de honor, donde se descorchaba un champán Épernay en honor del disfrazado. Y hablando del personaje de Racine, gustaba mucho recordar la representación de la Fedra de Racine que hizo, en francés, en la sala Prometeo.
Hablaba de su encuentro con Yma Sumac en Buenos Aires; con Marlene Dietrich en una fiesta en casa de Feltrinelli en Milán. De su amistad con James Baldwin, a quien había conocido también en Milán. De la ocasión que conversó con un norteamericano en los arrecifes junto a La Puntilla, en la desembocadura del río Almendares. Conversaron largo rato; el norteamericano filosofaba sobre la vida y los hombres, hasta que llegó un joven bellísimo a recoger al señor norteamericano y él se percató de que había estado hablando con Tennesee Williams y que se llamaba Marlon Brando el joven que había llegado en su busca.
Decía que una noche, en un pub del Nueva York de finales de los cuarenta, había visto a un señor borracho que casi no podía ponerse el gabán. Virgilio tuvo que ayudar al camarero tuvieron para llevarlo hasta su carro, con un chofer negro. El camarero le reveló luego que el borracho venía al pub cada vez que visitaba Nueva York y que se llamaba William Faulkner.
O la mañana en que esperó durante horas a Gabriela Mistral en el lobby del hotel Packard, el que se levantaba (o se levanta, no lo sé) frente al Parque de los Enamorados, para regalarle el tomito de Poesía y prosa, publicado en 1944, y cómo ella lo miró y le dijo con tono agresivo: "Lo siento, no quiero ningún libro; de todas maneras no lo voy a leer".
O la noche de cena en la mansión de Victoria Ocampo en la que se discutía una palabra inglesa que con los años había cambiado de acepción. Según Virgilio, la señora Ocampo se limitó a alzar una mano; apareció de inmediato un criado de librea con un atril en el que había un diccionario etimológico, convenientemente abierto en la página justa.
Recuerdo también muchas historias sobre Lezama, Rodríguez Feo, Dulce María Loynaz, Gastón Baquero…. En especial quisiera mencionar una de Emilio Ballagas porque tuvo consecuencias literarias: se habían ido, como acostumbraban, al puerto en busca de marineros perdidos. Les apasionaban los marineros perdidos. A Ballagas y a Piñera, los íntimos los llamaban "las fragatas". Como solo habían encontrado uno, decidieron acostarse los dos con él. Fracaso total. Ya en el cuarto de Emilio o de Virgilio (vivían en sendos cuartos contiguos en una pensión de la calle Galiano), a ambos les entró la risa nerviosa e imparable, y ya se sabe que la risa es inversamente proporcional a la libido. El resultado de esa noche de los dos poetas con el marinero desconocido, se convirtió en la materia de un cuento deslumbrante, "La risa", de Muecas para escribientes.
Raymond Rousell. (ACRAVAN.BLOGSPOT.COM)
4. Sin embargo, estas no son más que anécdotas. Las historias verdaderamente importantes no las puedo relatar. No porque no quiera o no pueda o porque sean secretas, sino por algo mucho más misterioso. No dependían de las historias mismas: son demasiado inefables; dependían del tono de la voz, de los gestos de la mano, de las miradas, de demasiadas sutilezas que no soy capaz de reproducir.
No tenían que ver con la calidad de lo contado, como con el modo en que esos cuentos dejaban de ser cuento para convertirse en tácticas, maneras que trasfiguraban la realidad, levantaba un mundo paralelo. Abolían la cotidianidad y transformaba la rutina en algo único, insólito. Nunca conocí a nadie con tanta capacidad de "literaturizar" (valga la palabra fea) la vida.
Tampoco con tanta mayéutica. Cómo, sin que yo me diera cuenta, dirigía mi preocupación hacia Los cantos de Maldoror, Una temporada en el infierno, los cuentos crueles de Villiers, El mito de Sísifo y El hombre rebelde de Camus, Felisberto Hernández, Bruno Schulz, Gerard de Nerval, Raymond Roussel, los poetas metafísicos ingleses.
La ocasión, por ejemplo, en que me dijo que escribía un ensayo y necesitaba una frase de Thomas Mann, perdida entre las páginas de La montaña mágica. La frase no la olvido, era una de esas morbosas del alemán: "Hay dos caminos en la vida, uno es el corriente, el directo, el bueno; el otro es el malo…, pasa por encima de la muerte y es el camino del genio".
Para "hacerle el favor", leí la novela. El detalle consistía en que no había ningún ensayo y el favor, por supuesto, me lo hacía a mí mismo. De manera similar leí dos novelas, ahora olvidadas, y que releo cada cierto tiempo: The way of all flesh, de Samuel Butler y The last puritain, de George Santayana.
También me hacía traducir una pequeña biografía de Baudelaire y se sentaba conmigo a corregir lo traducido. En ocasiones, tomábamos varias traducciones de un mismo libro, o de un mismo poema, como El cuervo de Poe, para ver cuál nos parecía mejor. Por cierto, se sabía El cuervo de memoria en su versión inglesa, así como poemas de Baudelaire, Rimbaud, Verlaine y todo el Cementerio marino y fragmentos de La jeune Parque, tanto en francés como en la extraordinaria versión castellana de Mariano Brull. También buscaba libros para mí en bibliotecas ajenas, como la traducción de Pedro Salinas de En busca del tiempo perdido en la biblioteca de Estorino, a quien entonces yo no conocía. Esa traducción, dicho sea de paso, no la tenía en gran estima.
También yo le buscaba libros, porque leía rápida e incansablemente. Solo que los libros que yo le buscaba podían ser cualquier libro. Que recuerde: La piedra lunar, de Wilkie Collins y un libro que a mí me había impresionado en mi adolescencia y que a Virgilio lo divirtió sobremanera, Veinte años con los papúes, de un misionero cuyo nombre no recuerdo.
Le gustó mucho Asco, del húngaro Laszlo Nemeth, que creyó superior a La náusea de Sartre. Sé que le provocó una gran impresión La broma, de Milan Kundera, que leyó en francés, en la edición de bolsillo de Gallimard, con el prólogo de Louis Aragon.
Alguna vez Virgilio encontraba en alguna librería una "joyita", según su manera peculiar de calificar. Fue el caso de El Arco de Belén, de Miguel Collazo, que compró en la librería Viet Nam, de San Rafael casi esquina a Águila. "En medio de este páramo, ese librito es una gran cosa", recalcaba.
5. En alguna ocasión he contado la noche de julio de 1975 en que lo conocí en la quinta de los Gómez, en la Calzada de Managua, la que hoy se conoce con el nombre con que él la bautizara: "La Ciudad Celeste". Yo tenía veintiún años y lo poco que conocía de la obra de Virgilio se debía a un cuento, "En el insomnio", y a una efímera puesta en escena de Falsa alarma, por Teatro Universitario en la sala Tespis, ubicada entonces en el hotel Habana Libre, donde ahora existe el non-place de una cafetería espantosa.
Mi profesora de literatura en el Preuniversitario de Marianao, Trinidad Benedit, sentía una pasión especial por los cuentos de Piñera, y me hablaba siempre de él. Y aunque parezca insólito, incluso estrambótico, "En el insomnio" se leía en alta voz en los albergues cañeros de Unión de Reyes en aquellos años en los que cortábamos caña para hacernos hombres nuevos y fuertes (cosa que logramos, como se puede comprobar) y ayudar a levantar la economía cubana (cosa que no sé si logramos, como se puede comprobar).
En 1975, ya no estaba en el Pre de Marianao, ya estudiaba segundo año en la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana. Años 70, insisto: de modo que se entenderá en qué consistían las clases de aquella etapa aterradora. Salvo excepciones (algunas, incluso, espléndidas excepciones, como las clases de historia de la literatura de la doctora Beatriz Maggi o las de historia del Arte de Amado Palenque y Rosario Novoa, quien, por cierto, había sido profesora de Virgilio), eran clases pedestres, de ponderadas últimas mujeres, de próximos combates, de una rara mezcla de quenas, ridículos chamamés pasados por la simplicidad del manual de F.V Konstantinov.
He contado asimismo que Piñera no me prestó atención en toda la noche, como si yo no existiera, que solo se volvió al final de la noche, un instante, para preguntarme: "Y tú, niño, ¿eres de Camagüey?". Y eso que yo llevaba, para halagarlo, un libro del profesor Julio Ortega titulado Relatos de la utopía (no sé cómo lo había conseguido) y pensé ingenuamente que le podía interesar. Miró el libro sin atención, como quien mira una revista frívola, y exclamó: "Este hombre ha tenido el mal gusto de situarme al lado de Onelio Jorge Cardoso". Aquella noche, eso fue todo. Bueno, fue todo en relación conmigo.
También he escrito que esa noche leyó las veintiuna novelas de un libro que pensaba titular Las ciento una novelas, y donde narraba las peripecias de la lavandera Fligar Sánchez y su marido Gabrior Aranda, por una Habana que no era La Habana sino el punto de encuentro de todos los caminos posibles.
Lo que escuché nada tenía que ver con lo que pedían los comisarios de la cultura. Nada de seguir el "rastro de los libertadores", nada de heroicos entrenamientos militares, de caminatas interminables, de batallas libradas desde el punto rojo de un colimador, de "héroes anónimos" que "regresaban a la tierra", de luchas entre "combatientes y bandidos"… Nada de realismo, mucho menos de realismo con apellido político.

6. He escrito hace un momento: "No creo que haya vuelto a divertirme como me divertí aquellos cuatro años que duró mi amistad con Piñera". También podría decir que, del mismo modo (y porque así son las cosas de la vida, "reír y llorar", como dice el bolero de Roberto Ledesma), fueron los peores años de mi vida. Sé que fueron los peores años de muchos de nosotros, y en primer lugar de Virgilio Piñera. Fue él quien peor lo vivió. Fue sin duda el más humillado. Y no únicamente por los años del castrismo.
De los 67 años de su vida, solo conoció algunos momentos de reconocimiento. Si decidiéramos caer en el caprichoso convencionalismo de contar ese tiempo de manera lineal, quizá no iríamos más allá de cinco años. Para ser justo, hasta ese pequeño intervalo me parece una exageración. Digo "reconocimiento" y no me refiero, por supuesto, a la indiferencia teñida de desprecio (tan cubana) anterior a 1959; ni mucho menos a la marginación, absolutamente grosera, la muerte civil que le impuso el totalitarismo, aun cuando ese estilo categórico de crimen sin crimen, sea sin duda un modo retorcido y siniestro de reconocer la importancia de un escritor. Hablo de la discutible aprobación social que implican las ediciones, las traducciones, los premios. El "éxito social", para designarlo con un torpe lugar común.
Cierto, Vigilio Piñera nunca escribió para eso. Casi se podría decir que escribió para lo contrario, para el no-éxito, y tenía el suficiente coraje para no condescender. No consideraba la literatura como un certamen ni un modo de medrar, sino un artefacto de desenmascaramiento.
El acto de arrancar las máscaras no ha sido nunca amable o encantador. No está bien visto. Entender la literatura como hecho moral no es el camino más fácil de alcanzar la celebridad. Desde bien pronto, quiso ser un celoso de su libertad. Rebelde, incómodo, impertinente, agresivo, contestatario, negador. Como intentó dejar claro en la pieza de teatro que escribía en el momento de morir, estaba condenado a ser libre y a elegir, aunque tuviera la limitación de solo poder elegir lo que elegía.
Sin embargo, aun cuando escribía sin esperar nada a cambio y optó por el camino arriesgado del malestar, del sarcasmo, de la aspereza y la frialdad, no es menos cierto que obtuvo mucho menos de lo que concedió. Vivió en la incómoda comodidad de los márgenes. Marginalidad buscada: marginalidad hallada, o como solía reiterar: idea fija, idea que se convertía en realidad. Fue libre, quiso enseñar a ser libres; a cambio solo encontró dureza. Como exclamó en alguna ocasión Fina García Marruz hablando de su marginación: "Tuvo lo que merecía".
A diferencia de muchos que conozco, su inclemencia no buscaba destruir, por el contrario, era el resultado de la clemencia. En su "maldad" radicaba su honradez; su nobleza, su bondad.
Es verdad que fue amigo-enemigo de Lezama Lima, que perteneció al grupo Orígenes, que fue amigo y compañero de juergas de Gombrowicz, que se acercó al círculo de la revista Sur, que estuvo en París, en Roma, en Brujas, en Nueva York. Es verdad que vio algunas de sus obras representadas y algunos de sus libros publicados, que dirigió por breve tiempo la colección de una edición de libros, que ganó un premio Casa de las Américas (con el voto en contra de Vicente Revuelta). También es verdad, sin embargo, que el autor nunca vio en escena Dos viejos pánicos, que cuando murió tenía ocho libros inéditos y que vivía, como siempre, en la pobreza, con el añadido de esa otra pobreza, el olvido.
7. El día de su muerte, el jueves 18 de octubre de 1979, hacia las once de la mañana, Virgilio recibió una llamada telefónica que lo perturbó sobre manera. Eso al menos nos contó el muchacho que le limpiaba la casa, y cumplía también algunas otras cuestiones sanitarias, puramente sanitarias. Nunca sabremos si hubo en verdad llamada telefónica ni qué le anunciaron en ella. (En cualquier caso, y sin querer decir mucho, recordar que la citación a Villa Marista de 1977, la que puso fin a las noches de La Ciudad Celeste y lo dejó durante seis meses sin su obra inédita, fue también mediante una llamada telefónica. Pero esto entra en el reino de la pura especulación. Ni siquiera supimos nunca el nombre del chico de la limpieza; tampoco lo volvimos a ver.)
Almorzó poco y se acostó a dormir. Por más perturbado que estuviera, la siesta era inviolable. Hacia las tres de la tarde, bajó a jugar canasta (una de sus aficiones frívolas). Bajó como siempre las escaleras del edificio, porque le aterraba el ascensor. En la escalera, sintió la punzada en el pecho y el brazo izquierdo. Cometió la imperdonable simpleza de ir a casa de su médico, el doctor Sergio Cavarruiz, que vivía muy cerca. Subió cinco pisos andando. Cuando llegó al piso de Cavarruiz, estaba casi muerto.
Dijo algo que el médico nunca quiso revelarnos. (Después, Luisa y yo fuimos varias veces a visitarlo: nunca más nos abrió la puerta.) Virgilio murió en el sofá de la sala de Cavarruiz, quien llamó al actor Enrique Santiesteban, supuesto amigo de Virgilio. Éste, lo llevó al hospital Calixto García como si aún estuviera vivo, puesto que de lo contrario habría tenido que responder ante la policía; lo dejó en urgencias y desapareció.
Cuando Luisa llegó al hospital, el cuerpo desnudo de Virgilio Piñera estaba solo, con un cartelito en el dedo gordo del pie derecho. Lo llevaron a la funeraria de Calzada y K. Antes del amanecer, se llevaron el cuerpo para la autopsia. No lo devolvieron hasta poco antes del entierro. Se dio, pues, la circunstancia de que velábamos un muerto que no estaba presente, como ha contado Reinaldo Arenas: una verdad entre otras exageraciones del escritor delirante.
Aún después de muerto, Virgilio continuaba en la invisibilidad de sus últimos años. Invisible y tan menesteroso que fue enterrado en la tumba prestada de una familia conocida, junto al panteón de los Naturales de Ortigueira. Nadie se preocupó por salvar sus manuscritos que quedaron encerrados en la casa sellada por el Ministerio de Justicia hasta tres años después; nadie se preocupó porque tuviera un epitafio.
Su hermana Luisa y yo, fuimos donde un marmolero de las calles 14 y 25, y le hicimos construir una jardinera donde quedaron mal grabados unos versos suyos que decían: "Este brazo que alzo, esta boca que sonríe son el brazo y la boca en la fotografía de la inmortalidad, y ningún poder humano o divino, podrá darles pagana o cristiana sepultura". Tan mal grabados, que al cabo de tres o cuatro aguaceros, las letras se borraron.
De cualquier modo, tres años después Luisa quiso hacer la exhumación para llevar los restos a Cárdenas, donde una prima les había cedido un espacio en el osario familiar. Fuimos, pues, temprano al cementerio de Colón. Luisa, su esposo Pablo, un amigo (que nada tenía que ver con la literatura) y yo. Nunca olvidaré aquella mañana, no solo porque exhumáramos a Virgilio, sino porque además, por esos raros mecanismos de venganza que tiene la imaginación, me pareció una mañana extraordinariamente hermosa. Fresca, sin nubes, con un sol propio del invierno habanero.
Cuando abrieron la tumba, Luisa y yo nos apartamos. Queríamos mirar y no queríamos mirar. La caja gris de pésima madera, o de cartón, estaba negra y desecha. Vi restos de ropa y algunos huesos, suficiente para que la poca curiosidad acabara de deshacerse del todo. Al final, los sepultureros (eran dos jóvenes hermosos y un anciano) me dieron una cajita de metal forrada con papel de cartucho.
Luisa y Pablo tenían pasaje para Cárdenas ese mediodía. Con los huesos de Piñera, abandonamos el cementerio. Nadie nos miraba de modo extraño. Nadie sabía qué llevábamos allí. De haberlo sabido, tampoco les hubiera importado. Luisa y Pablo se alejaron hacia terminal de ómnibus. Mi amigo y yo subimos por la calle G, bordeamos la Escuela de Letras (donde yo había estudiado y no había sido precisamente feliz) y seguimos por la 27 hasta N, allí donde tenía su primera parada la guagua 2.
No sé por qué lo hicimos. ¿Qué rara peregrinación aquella? Para mi decepción, su casa permanecía cerrada. Ningún ángel o demonio salió con la camiseta sin mangas, el short verde, una sonrisa y un desmayado gesto de adiós. Había algo seguro, eso sí: los huesos se habían ido a Cárdenas mientras la jardinera, con el epitafio ilegible, continuaba a la intemperie, en la tumba prestada del cementerio de Colón.


Este texto fue leído en el coloquio por el centenario de Virgilio Piñera en Stony Brook University, Nueva York, en noviembre de 2012.


Por Luis Ruiz.

sábado, 29 de diciembre de 2012

De Ángel Collado Ruiz.




El ojo que muere 
despide mis pies  

De coral
tiñe al cielo
clava su hiriente filo
se posa sobre mi alargada sombra 
regala su agonía


Read more: http://angelcolladoescribe.blogspot.com/2012/12/blog-post_28.html#ixzz2GQwMuwya


Por Luis Ruiz.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Allí está el sol.

Allí está el sol. Y el viento moviendo el pino. Quien podría afirmar que no todo está en orden? No todo es lo que parece. Hay recuerdos, imágenes, y los sueños que nunca abandonan el campo de batalla. Pero sobre todas esas cosas está la vida. Escribía hoy junto a un dibujo hecho a pluma: Por sobre todas las cosas quedará lo que hallamos sido capaces de crear. Y pensaba: Hay vidas que nos superan y a las que nunca daremos alcance. Pero eso no significa una derrota, todo lo contrario; un acicate.

Por Luis Ruiz.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Por si acaso.

Por si acaso mañana ya no estamos. El final anunciado. Cuantos no harán su viernes a costa de los asustadizos. Y hay un lugar en Francia, lo he visto en el noticiero, inundado por los "iluminados". Los que quieren salvarse. Ni aunque fuera verdad quisiera verme entre ese grupúsculo. Qué haría sin los demonios que me rodean? De eso nada. Pero, quien asegura que esos "iluminados" son mejores? Mejor malo conocido, que bueno por conocer, dice un dicho.

Por Luis Ruiz.

martes, 18 de diciembre de 2012

Conversación con Osvaldo Lugo.

Una linda conversación por teléfono con mi amigo Osvaldo Lugo, después de largo tiempo...naturalmente que ambos deseamos volver a vernos y abrazarnos...los grandes amigos no se olvidan ni dejan de quererse.
Por Luis Ruiz.

Nosotros y el mundo de afuera.

Nosotros desde aqui, encerrados en este pequeño espacio, frente a una pequeña pantalla, no vamos a resolverle el problema a los otros. En todo caso seremos nosotros los que nos perdamos en ese mundo absurdo paranoico surreal, al que cedemos inconcientemente, perdiendo nuestra verdadera esencia. A crear!.
Por Luis Ruiz.
 
 
 

domingo, 16 de diciembre de 2012

3. Advent.

Bueno, tercer Advento (ni siquiera sé si se dice asi en español). Son cuatro, cada domingo se enciende una vela de las cuatro que conforman el decorado. Pués de eso se trata, existen cientos de formas de presentarlo, según la fantasía de cada cual. Yo no sabía que era eso, lo conocí aqui en Alemania. En Cuba, cuando iba a la iglesia no era precisamente por religioso, ni sabría decir por qué iba. Aunque me gusta entrar a las iglesias, por esa atmósfera tranquila, relajante. Y las construcciones de las iglesias también me gustan. Aunque la fecha tiene origen religioso y tantos la celebran, la mayoría lo hace por costumbre y no porque eso le diga nada especial, mucho menos lo relacionan con la religión, que a estas alturas del guateque ya la gente no está para esa candanga. Además, las religiones han probado su ineficiencia y desmoralización y atraso con respecto a los tiempos que corren, y nadie quiere virar el rumbo de la vida.

Por Luis Ruiz.

sábado, 15 de diciembre de 2012

El deshielo.

A empezado a derretirse la nieve, se mezcla con la arena que riegan para no resvalar cuando caminas. Se hace un fanguero horripilante, y crees que estás en medio de la Pampa. O allá en Sopimpa (sabían que hay un lugar que se llama Sopimpa?) donde nació mi amigo R. Empieza a lloviznar y todo se pone gris. El puré de lentejas caliente en el Mercado de la Plaza calienta el cuerpo. Después de comprar algún material para trabajar y algunos pinceles que están en oferta, lo mejor es regresar a casa y refugiarnos en nuestro mundo limpio y ordenado. Ya en casa es como estar debajo del carapacho de la jicotea; a salvo. Ralf hace café, pica una cuña de dulce de queso que ha horneado él mismo, y me lo trae a la biblioteca. Oscurece, aunque es media tarde. Felíz de que los mensajes que envío a la familia llegan. Preparo un cuadro.





Por Luis Ruiz.

Sin título, técnica mixta.

Es una obra que acabo de hacer, experimentando, una técnica simple y rudimentaria para traspasar imágenes sobre el lienzo y luego pintar sobre ellas. Lo que me gusta es el resultado final, de inacabado, que es lo que más me gusta.





Por Luis Ruiz.

Foto de la red.

Es una foto bastante cruel, y dice mucho del mundo en que vivimos, lamentablemente. Pero lo peor, no creo que mejore.


Por Luis Ruiz.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Como las cosas simples...

Como las cosas simples pueden llenar de satisfacción la brevedad de un momento. Y aquellos que tratan de buscarle la metatranca a todo lo que les rodea. No los entiendo. Saben cuanto tiempo se pierde en esas cavilaciones? Y ni hablar de los especuladores. Pero ya se sabe, en la Viña del señor hay de todo. Eso es diversidad, si señor. Yo añadiría: Por qué sufres con lo que yo gozo? Pero una cosa piensa el borracho y otra el cantinero. A propó, ayer me acosté tarde tejiendo, y hoy me levanté con las agujetas en la mano. Ya casi termino el chal. No es eso trascendental? Si que lo es. Y como soy capaz de hacer mil cosas a la misma vez, mientras tejo pruebo a traspasar imágenes de una foto al lienzo. Con un método muy simple y artesanal, pués es ese resultado impreciso el que da carácter al trabajo. Me gusta probar siempre nuevas formas de hacer, por eso mi obra es tan ecléptica. Hacer siempre lo mismo me aburre, no puedo. Seré siempre un principiante, no podrá ser de otra forma.

Aqui una foto que hice hace algunos meses.


Por Luis Ruiz.

viernes, 7 de diciembre de 2012

La luz sobre el tejado.

Sigue el sol allí, tibio, es cierto, pero ilumina. El sol sobre el tejado. Iluminando fantásticamente la nieve que ha caído y que persevera. Vengo a este espacio donde todas mis ideas se hacen sueños multiplicados que me salvan. A esas ideas se suman otras; la de un viaje inevitable que debo hacer y que no sé si desee realmente. Pero ahora lo inmediato es el invierno, y esas otras ideas que me alimentan. Crear. Sin importar el rumbo de las palabras y los colores y las hojas y los lienzos. Crear.





Por Luis Ruiz.

El 7 de diciembre de 1990 murió en Nueva York el escritor Reinaldo Arenas.

"Antes que Anochezca" (fragmento)
By REINALDO ARENAS
" Oh Luna! Siempre estuviste a mi lado, alumbrándome en los momentos más terribles; desde mi infancia fu
iste el misterio que velaste por mi terror, fuiste el consuelo en las noches mas desesperadas, fuiste mi propia madre, bañándome en un calor que ella tal vez nunca supo brindarme; en medio del bosque, en los lugares más tenebrosos, en el mar; allí estabas tu acompañándome; eras mi consuelo, siempre fuiste la que me orientaste en los momentos más difíciles. Mi gran diosa, mi verdadera diosa, que me has protegido de tantas calamidades; hacia ti en medio del mar; hacia ti junto a la costa; hacia ti entre las costas de mi isla desolada. Elevaba la mirada y te miraba; siempre la misma; en tu rostro veía una expresión de dolor, de amargura, de compasión hacia mí; tu hijo. Y ahora, súbitamente, luna, estallas en pedazos delante de mi cama. Ya estoy solo. Es de noche.... "
 
 
Por Luis Ruiz.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Teatro del Eclipse: Titeres en La Casa de juventud El Rosario

Teatro del Eclipse: Titeres en La Casa de juventud El Rosario: Pelirrojo Y Colorina buscan la navidad, se encuentran con la magia de ella pero...dónde está la felicidad de encontrarla y celebrarla? CA...

Poema de Luis Rogelio Nogueras.


No intentes posar tus manos sobre su inocente
cuello (hasta la más suave caricia le parecería el
brutal manejo del verdugo).
No intentes susurrarle tu amor o tus penas
(tu voz lo asustaría como un trueno en mitad de la noche).
No remuevas el agua de la laguna no respires.
Para ser tuyo tendría que morir.

Confórmate con su salvaje lejanía
con su ajena belleza
(si vuelve la cabeza escóndete en la hierba).
No rompas el hechizo de esta tarde de verano.
Trágate tu amor imposible.
Ámalo libre.
Ama el modo en que ignora que tú existes.
Ama al cisne salvaje.

Luis Rogelio Noguer

martes, 4 de diciembre de 2012

Un dia como otro cualquiera.

Lo primero que hago, después de ir al baño, lavarme la boca y la cara, y mirarme en el espejo por supuesto (me encantan los espejos y mirarme en ellos), es ir a la cocina y hacerme un café. Luego regresé a la cama con la taza, y lo bebí debajo de las mantas frente a la tele. No miré tele diarios, no, sino un programa más ligero; una Revista Matinal. Las noticias de aqui no se diferencian de las de otros lugares, aunque cada cual crea que los problemas de allá sean peores que los de aqui, y viceversa. Después llamé a mi amigo Domingo en Barcelona, que hoy tiene cumpleaños. Hablamos algo más de una hora, y como siempre, hablamos de lo profano y lo divino, a nuestro aire. Hoy también es el dia de Santa Barbara, pero como la verdad, no soy tan creyente... Además, el 4 de diciembre me trae malos recuerdos, y cuando el mal es de cagar ni los santos resuelven el problema.

sábado, 1 de diciembre de 2012

RuizArt - Malagueña - Ernesto Lecuona.

De disfraces y Papá Noé.

Tal vez no venga a caso, pero se me ocurre, al observar este grupo de personas disfrazadas de Papá Noé, el interés casi perverso que me inspiran los uniformes. Por ejemplo, los uniformes de guardias y policias me sugieren violencia, guerra, delación, todo un conjunto de sentimientos negativos. Al mismo tiempo, según quien lo vista, este mismo uniforme puede provocarme deseo carnal, exitación sexual. De cualquier forma los disfraces, como los uniformes, ocultan algo, y no siempre algo positivo. Muchos lo utilizan como una forma de ejercer el poder o hacer daño. Se dió el caso el año pasado aqui en Berlin, de un Papá Noé que, en uno de los Mercados de Navidad ofreció bebida adulterada o envenenada o algo así a algunas personas. Ahora alertan sobre estar atentos a quienes puedan repetir la fechoría, no aceptar bebidas de extraños, por ejemplo. De repente, los Papá Noé, que sobre todo a los niños causan tanta admiración, se convierten en personajes dudosos que pueden utilizar el anonimato de su disfráz para hacer el mal. Como vivimos en tiempos tan siniestros, donde el bien y el mal van de la mano causando confusión y desconcierto, nos vemos en la disyuntiva de dudar incluso de aquellos que nos muestran su rostro venevolente, porque incluso esos pueden esconder un monstruo disfrazado de bondad.


Por Luis Ruiz.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Ai Weiwei - Never Sorry .

Marianela Boán, una mujer artista, o una creadora indispensable.

Marianela Boán: El inicio de un camino…
Por: Mercedes Borges Bartutis
11/ 08/ 2012
Marianela Boán: El inicio de un camino…La coreografía, ya se sabe, es un arte muy complejo. El gran problema de la danza hoy, como casi siempre, es el de encontrar buenos coreógrafos. El arte coreográfico es complicado, variado y altamente especializado. Tal como el mundo del teatro gira alrededor del dramaturgo, el mundo de la danza gira alrededor del coreógrafo. 
La danza cubana tuvo por suerte a Marianela Boán, una coreógrafa que siempre produjo obras de gran empaque, una mujer determinante para la historia de la danza en esta Isla. Digámoslo claro: la vitalidad de Marianela Boán, su capacidad de invención, dejó a la zaga al resto de los creadores cubanos, en materia de danza. Todavía hoy, no ha surgido un coreógrafo que supere el trabajo legado por Marianela Boán, para la cultura cubana. 
Esta mujer se propuso con su DanzAbierta agredir al espectador, decodificar sus hábitos y mover su pensamiento. Así puso una nota diferente en el gran concierto de la danza cubana del momento. 
Seguidora de la obra de Pina Bausch y Eugenio Barba, Marianela se insertó en la llamada danza-teatro y le dio a su grupo, en una primera etapa, títulos como Sin permiso, Locomoción, Antígona, y Retorna. Le dio también un entrenamiento diferente con el contact improvisation, a través de Gabri Christa, bailarina de Curazao formada en Holanda. 
Gabri recibió entrenamiento con la escuela de Trisha Brown y vivió en Cuba, donde trabajó con DanzAbierta en los primeros años, invitada por Marianela. La bailarina aportó a DanzAbierta un título bien interesante como Un árbol poco vibratorio
Los integrantes de DanzAbierta se entrenaron, además, con el método Volando Bajo, de David Zambrano, entre otras muchas opciones alternativas de movimiento. 
La propia Marianela describió lo que significó aquel comienzo para ella como creadora, cuando recordó en La Gaceta de Cuba que 1988, fue un año de explosión del arte joven en Cuba. Todos comprometiéndonos cada vez más con la realidad real, con la realidad no TV, no ideal, viendo al hombre desde otros ángulos, sacando a la luz las preguntas ocultas de todos, preguntando en alta voz sobre el coro de susurros. 
Mi generación viniendo de viejos instrumentos expresivos que habían retrocedido aún más cuando el duro golpe a la cultura de los años setenta. Ramiro Guerra desapareciendo con su vanguardia, recogiendo sus iconos, sus osadas experiencias y guardándolas dolorosamente para nosotros en la memoria que la recuperaría en los años ochenta.  
Y yo abierta y recibiendo estímulos, pero en mis manos la danza dormida de los años cincuenta. Redescubriendo en los ochenta los sesenta del mundo. Descubriendo veinte años después en mi propia madurez las tendencias de una vanguardia que ya había cristalizado, trascendió entonces la creadora. 
A veces en los laboratorios la química es muy efímera. Para Marianela y su grupo surgió una etapa de crisis. Fue para ella, un período de trabajo en solitario bajo el mismo rótulo de DanzAbierta. 
De esa época se recuerdan piezas como Fast Food, Gaviota, La carta, y Últimos días de una casa que confirmaron el potencial creador de Marianela Boán. 
También por esta época creó Degas para el Ballet Nacional de Cuba, una pieza que lamentablemente la compañía bailó poco, pero que anotaba un punto bien diferente en la manera de hacer de esta coreógrafa cubana.

(Tomado del muro de Facebook de la artista).

Por Luis Ruiz.

Fragmento de Demian, de Hermann Hesse.

"Las cosas que vemos son las mismas cosas que llevamos en nosotros. No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos viven tan irrealmente; porque creen que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino que elige la mayoría..."-Hermann Hesse
Demian (fragmento)
Por Luis Ruiz.

martes, 27 de noviembre de 2012

Se hace noche en Berlin.

Se hace noche en Berlin. Sé que estás cerca y te siento. No es que me pierda entre mundos imaginarios, sino que me encuentro a cada paso. Bebo un trago  y brindo por todas las ausencias. No estoy triste, le he ganado todas las batallas al dolor. Salgo, me mojo, tengo frio, y qué? Ya no doy cuenta de mis actos a nadie, no me arrepiento de nada. A los mongos con sotana y a los dictadores de turno les riego el rostro con la savia de  mi sexo para que les nazcan verdades en la saliva.

Por Luis Ruiz.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Rostro, acryl sobre papel, 29,7 x 42 cm.


Por Luis Ruiz.

Paseo de otoño.

Ayer salí a caminar. Hice estas fotos. Por el calendario es otoño, pero para mí, según las temperaturas es invierno. Noviembre suele ser el mes más feo de todo el año; muy gris.


Por Luis Ruiz.

martes, 20 de noviembre de 2012

La ambiguedad.

Tomado de La inmortalidad, de Milan Kundera.

La ambiguedad (fragmento).

A Brigitte le había gustado desde su infancia sentarse en el regazo de su papá, pero creo que cuando tenía dieciocho años le gustaba aún más. A Agnes aquello no le llamaba la atención. Brigitte con frecuencia se metía en la cama de sus padres ( por ejemplo por la noche, cuando miraban la televisión) y entre los tres había una intimidad física mayor que la que en otros tiempos hubo entre Agnes y sus padres. Sin embargo no se le escapaba la ambiguedad de aquella escena: una chica mayor, con unos pechos y un trasero grandes, se sienta en el regazo de un hombre guapo aún lleno de fuerzas, toca con esos pechos agresivos sus hombros y su cara y le dice "papá".

Una vez se reunió en su casa un alegre grupo de gentes y Agnes invitó también a su hermana. Cuando todos estaban de muy buen humor, Brigitte se sentó en el regazo de su padre y Laura dijo: !. Brigitte le dejó una rodilla libre y las dos se sentaron así en las rodillas de Paul.

Esta situación nos recuerda una vez más a Bettina, porque fué ella y nadie más que ella quien elevó lo de sentarse en el regazo a clásico modelo de ambiguedad erótica. He dicho que atravesó todo el campo de batalla erótico de su vida protegida por el escudo de la infancia. Llevó ese escudo ante sí hasta los cincuenta años para cambiarlo luego por el escudo de madre y acoger ella misma a jóvenes en su regazo. Y volvía a ser una situación estupendamente ambigua: está prohibido sospechar de las intenciones eróticas de una madre con respecto a su hijo y precisamente por eso la posición de un jóven sentado (aunque sea en sentido figurado) en el regazo de una mujer madura está llena de significaciones eróticas, que son tanto más sugestivas cuanto más nebulosas.





Por Luis Ruiz.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Una razón de vivir.

Puedo pasar horas frente a la computadora trabajando fotos, experimentando con todas las posibilidades técnicas que algunos programas ofrecen. Nunca estudié fotografía ni diseño, pero no hay mejor escuela que hacer y hacer, y sobre todo ser muy curioso, atreverse.


Por Luis Ruiz.

domingo, 18 de noviembre de 2012

La esquinita.

En esta esquinita se cuecen mis ajiacos interiores.


Por Luis Ruiz.

Joya de la arquitectura camagueyana en peligro.

Aqui en La loca del blog.: Joya de la arquitectura camagueyana en peligro: El inmueble está unicado al inicio de la Avenida de los Mártires , muy cerca del Museo Provincial "Ignacio Agramonte", antiguo Hot...

Por Luis Ruiz.

TEATRO DEL ECLIPSE: Mis Títeres

TEATRO DEL ECLIPSE: Mis Títeres: Los títeres como segunda piel, me acompañan  en la escena, me ayudan a decir y sobretodo son como mi familia teatral. Los adoro,  me acompañ...


Por Luis Ruiz.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Beijing Design Week 2012.


De los retratos de familia.

Es una serie de fotos de mi familia que voy desempolvando y actualizando. Las trabajo en forma de collage y luego las retoco digitalmente. Un trabajo muy primario, bien simple, que me gusta mucho hacerlo, unas veces sólo con el teléfono, o ayudado con la computadora.
La foto es de mis padres.


Por Luis Ruiz.

martes, 13 de noviembre de 2012

La Peregrina Magazin rinde homenaje al poeta cubano David Lago Gonzalez.


DAVID LAGO GONZALEZ EN EL PRIMER ANIVERSARIO DE SU PARTIDA



DAVID LAGO GONZALEZ, CAMAGUEY, CUBA



La educación fisiológica.


Las bohemias de la libertad
encontraron su lugar definitivo en el armario del aseo.
Estaba la primera, estaba la segunda.
Aquel hombre de perfil pintado como una quilla
sobre una de las cubiertas; en la otra el alma máter con su gorro frigio.
O la patria con su gorro frígido, el muchacho se hacía un lío
de palabras parecidas y olores semejantes
que al final de aquel largo verano terminarían siendo el mismo.
¿Cómo llegaron hasta allí los símbolos del cambio?
Parece que todos los elementos telúricos se pusieron de acuerdo
y en el silencio impronunciable tomaron vida,
y ellos solos fueron desplazándose hasta hallar dentro del espacio cerrado
la oscuridad suficientemente grata
para ir soltando su podredumbre de bicho muerto.
El muchacho las ojeaba cada vez que tenía tiempo.
La mirada fija de aquella mujer que yacía muerta en una camilla de la morgue,
o sobre la yerba de un barrio periférico, da igual.
Las uñas arrancadas en una sesión de extrema manicura.
El horror simplón de los locos en Mazorra.
Compartían tiempo y tedio con el cuerpo delator que colgaba del árbol,
los parquímetros apaleados en la capital,
la secuencia de fotos en que Sosa Blanco pierde el sombrero
mientras se desliza paredón abajo
tiznando de grafito bohemio el muro.
El grafito se presumía rojo sangre en la realidad
pero en la imagen de la revista aparecía como un manchón disolviéndose hacia abajo.
Y el soniquete de aquellos días: “¿Qué pasa si Sosa pasa?
Y si Sosa pasa, ¿qué pasa?”  repetía el muchacho
sentado en la porcelana blanca.
¡Cuánto ruido de repente sale de aquellas hojas medio húmedas,
y a la vez casi tan secas,
para quebrarse al primer roce de un hombre
que ya envejeció de pronto y quedó atrapado en su cuerpo de niño!
Y pasó todo el tiempo de su futuro en un minuto del pasado
sobre el muchacho,
y él no lo supo hasta mucho después,
hasta que todas las estaciones de una vida real
sustituyeran aquella hierba de un solo tono uniforme y cansino.
Sigue repitiendo sin pensar el soniquete en todas sus casas futuras
“¿Qué pasa si Sosa pasa?  Y si Sosa pasa, ¿qué pasa?”
y nunca meditaba qué pasaba y qué tenía que pasar,
pero sea lo que sea pasó, pasó cada vez que él estaba solo en el baño,
pasó y continúa pasando, y ya nadie puede enseñarle
que se estremezca ante el horror o ante la alegría
porque ambas cosas son parte de una misma magia sin encanto.


(Madrid, 10 de febrero de 2009)
© 2009 David Lago González



David Lago González, Camagüey, Cuba, 1950 - Madrid, España, 2011. Considerado uno de los mejores poetas de Cuba, también escribía ensayos y narrativa. Salió de la Isla en 1982 y residió por uchos años en Madrid, España. Fue uno de los peregrinos originales y no le gustaba dar detalles de su vida; se presenta con su obra: intensa, atrevida y honesta. Tiene publicado los libros: Jazz Session, La Fascinación de lo difícil, La Mirada de Ulises, Lobos, Manual de convalecencia, Paseo de vida y muerte entre la tragedia y la pachanga, Tributos, Hilos, tapices y telares,  y La resaca del absurdo y Memorias del Este, Old Spice y Los sonidos del silencio, éstos tres últimus publicados por Ediciones Hoy no he visto el paraíso. Era asistente editorial de La Peregrina Magazine

Poesía de libertad, de Ángel Collado Ruiz.


Poesía en Libertad.

Al fuego eterno los alimentadores de la ignorancia, los sembradores de oscuridad, amantes del claustro sectario, recóndita soledad los espera Fortalezcamos el mensaje, afuera hay muchos que requieren ver la luz de la idea El entusiasmo desborda la forma, los poetas se han dado prisa en la tarea el foro más digno esta en la calle junto a los que sienten ansiedad El tiempo apremia decir, los amantes de la censura tendrán , como siempre, pretextos para dictar a la audiencia las conclusiones que más les acomode
 
Por Luis Ruiz.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Tiergarten. Hoy.

Salí a caminar como es mi costumbre todos los dias. No importa el tiempo que haga, intento recorrer la mayor distancia posible cada día. Hoy fuí a dar al Tiergarten, que está a poco más de cuatro kilómetros de casa. Un enorme parque en medio de la ciudad. Berlin es una ciudad con muchos espacios verdes, y éste es uno de los más grandes y hermosos. Con mi cámara siempre a cuestas. O, como en este caso, que tomé la foto con el teléfono.


Por Luis Ruiz.

La mujer de mi vida, digital.


Por Luis Ruiz.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Levedad.

Por Luis Ruiz.

Video Arte.



Despierta con la sensación de que lo han besado.

Despierta con la sensación de que lo han besado. Abre los ojos. La humedad de unos labios sobre los suyos es cierta. Es casi media mañana. La luz que entra por la ventana es pobre. Dice algo aún vencido por el sueño. Se levanta. Va al baño, orina. Orinar es un placer innombrable. Mira su sexo duro y fuerte todavía. El cuerpo es un baluarte personal que hay que cuidar. Se lava los dientes y la cara. Su propia imágen en el espejo es una revelación de lo que significa el tiempo.
El tiempo futuro determinará su permanencia en la tierra.




Por Luis Ruiz.

jueves, 8 de noviembre de 2012

La iglesia critica el aval al matrimonio gay.


La Iglesia arremete contra el aval del Constitucional al matrimonio gay

El obispo Munilla reprocha al Tribunal “falta de fidelidad” a la Carta Magna

Martínez Camino defiende el derecho de los niños a tener un padre y una madre

No podía esperarse otra cosa, digo yo, de esta curie parásita.

Por Luis Ruiz.

 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Francia aprueba el matrimonio homosexual.


El Gobierno francés envía al Parlamento el matrimonio homosexual

La futura norma busca «aportar más seguridad, más protección para aquellos que quieren vivir juntos»

 

Por Luis Ruiz.

La anti-democracia según San Luis.


Día gris y frio, típico noviembre. Cuando leo en la prensa y otras páginas de éste mundo virtual que nos atrapa en sus redes, la opinión de tantos que dan por hecho que sus palabras expresan toda la verdad del mundo, y que no existe otra, no puedo hacer otra cosa que cambiar la mirada, y seguir mi camino. De un tiempo a esta parte muchos son los que se otorgan, no el derecho a opinar que este nos pertenece a todos, sino a través de esas opiniones condenar y dictar sentencia como algo absoluto, y punto. No obstante se la pasan enarbolando la bandera de la democracia, sólo que estas banderolas están hechas de telas diferentes, y algunas no más soplar el viento, se deshilachan convirtiéndose en ripio. Criticamos los países totalitarios que no aceptan otras opiniones, pero cuando se alzan otras voces que no coinciden con nuestro verbo, arremetemos y lapidamos. Es patético. Ya ni sabemos en que categoría encerrar los discursos, y son tantos.




Por Luis Ruiz.

Retrato de familia. Fotos de mi familia digitalizadas.



Por Luis Ruiz.

El matrimonio gay en España es constitucional.

(Fuente El Pais)

El matrimonio gay es constitucional
El Tribunal avala la Ley aprobada por el Gobierno de Zapatero y recurrida por el PP de Rajoy. Ocho magistrados, uno de ellos conservador, respaldan la norma. Más de 22.000 parejas se han casado desde su entrada en vigor


Por Luis Ruiz.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Ataques a homosexuales en Rusia.

(Fuente ABC. es)


Un parlamentario ruso: «La homosexualidad es una enfermedad. Debe ser tratado como un diente que duele»
Aumentan los ataques a homosexuales en Rusia. Los testimonios apuntan a que las bandas organizadas que los provocan podrian estar protegidas por la policía y por el Gobierno


Por Luis Ruiz.

Pez isla.

Por Luis Ruiz.

domingo, 4 de noviembre de 2012

La última venganza de Truman Capote. (El Pais)




La última venganza de Truman Capote contra la alta sociedad de Nueva York
Sale a la luz el manuscrito inédito «Yates y cosas», que formaba parte de su libro inacabado «Plegarias atendidas»





Decía Virginia Woolf (1882-1941) que, con cierta frecuencia, solía «saquear» las bibliotecas públicas y las encontraba «llenas de tesoros hundidos». Esa misma sensación, la de poseer un tesoro literario entre las manos, es la que debió experimentar Sam Kashner, colaborador de la edición estadounidense de la revista «Vanity Fair», en la Biblioteca Pública de Nueva York. Hace unos meses, Kashner descubrió, en la Sección de Manuscritos y Libros Raros de la institución, «Yates y cosas», un relato inédito de seis páginas escrito por Truman Capote y que formaría parte de «Plegarias atendidas», libro que el autor dejó inacabado.

Según Kashner, en el texto, que aparecerá publicado en el número de diciembre de «Vanity Fair» y podrá leerse online a mediados de noviembre, «el narrador es claramente Truman y Mrs. Williams es, posiblemente, Katharine Graham, editora del ‘Washington Post’». La narración detalla cómo «los dos están listos para embarcarse en un idílico crucero de tres semanas por el Mediterráneo a bordo de ‘La brujería’, el yate alquilado de un amigo, pero debido a una muerte en su familia, su anfitrión italiano -muy probablemente Gianni Agnelli- no puede unirse a ellos en el último momento», explica en la revista el descubridor del relato.

Pese a los lógicos recelos que surgen cada vez que el adjetivo «inédito» se asocia al supuesto trabajo de algún escritor fallecido, Sam Kashner defiende su hallazgo. Para ello recurre a Joanne Carson, en cuya casa murió Capote. «En mi casa tenía una habitación para escribir y pasó mucho tiempo allí porque era un lugar seguro. Tenía muchos manuscritos, muy buenos. Leyó un capítulo, pero llamó alguien y cuando volví lo puso a un lado y dijo: ‘Lo leeré tras la cena’. Pero nunca lo hizo, ya sabes lo que pasó», explica Carson.
Una idea de Santa Teresa

Lo que pasó fue que Truman Capote falleció el 25 de agosto de 1984 dejando inacabada «Plegarias atendidas», cuyo título tomó de una idea de Santa Teresa (se derraman más lágrimas por las oraciones contestadas que por las que no tiene respuesta) y que vió la luz en 1987 con tres capítulos: «Monstruos Perfectos», «La Côte Basque» y «Kate McCloud». En ellos, publicados de forma separada entre 1975 y 1976 en «Esquire», Capote realiza un feroz y sarcástico retrato de la alta sociedad neoyorquina, incluyendo detalles de la vida de Gloria Vanderbilt, Peggy Guggenheim o Jacqueline Kennedy Onassis.

Todos ellos, hasta entonces sus «amigos» y quienes le acompañaron en el famoso «Baile en blanco y negro» en el Plaza de Nueva York en noviembre de 1966 en honor de Katharine Graham, le condenaron al ostracismo tras la publicación y muchos ni siquiera volvieron a dirigirle la palabra. Durante sus últimos años, Capote habló con su editor, en numerosas ocasiones y con todo lujo de detalles, de cuatro capítulos restantes de «Plegarias atendidas», llegando a citar fragmentos de diálogos. Dicho material, que nunca llegó a entregar a Random House, habría desaparecido tras su muerte.
Leyendas urbanas

El editor americano de Capote, Joseph M. Fox (1926-1995), cuenta en el prólogo de «Plegarias atendidas» (Anagrama), cómo su albacea literario, su biógrafo y el propio Fox llevaron a cabo «un minucioso examen de todos los efectos personales del autor tras su muerte». El resultado fueron ocho cajas grandes que en 1985 fueron donadas a la Biblioteca Pública de Nueva York por los herederos de Capote. «Lo guardaba prácticamente todo y no había razón alguna para destruir tales documentos», asegura Fox.

En dicho prólogo, el editor incluye «Yates y cosas» dentro de los «capítulos que (Capote) mencionó en algunas conversaciones conmigo y con otras personas». Incluso hay teorías sobre la pérdida del material. La primera dice que el manuscrito fue terminado y está oculto. La segunda es que Capote no escribió ni una línea más tras publicar «Kate McCloud» en 1976. Y la tercera es que sí escribió algún capítulo, pero lo destruyó. No sabemos qué pensaría Fox, partidario de la última, al conocer el descubrimiento de «Yates y cosas», aunque, como decía en el prólogo: «No dudo que estas líneas existieran solo en su cabeza, pero cuesta creer que en algún momento no las plasmara en papel».
«Plegarias atendidas» de un ama de casa
POR PATRICIO PRON
Al terminar el baile que Truman Capote dio en el hotel Plaza de Nueva York para celebrar el éxito de A sangre fría, el escritor norteamericano se dirigió a su apartamento y no volvió a escribir. Era la madrugada del 29 de noviembre de 1966 y el autor había prometido a sus editores un libro que no entregó ese año ni el siguiente y que sólo se sentó a escribir seis años después. Gore Vidal dijo en una ocasión que Capote era «un ama de casa de Kansas hecha y derecha», y lo cierto es que ésta disfrutó mucho de ser famosa, que era su único deseo y la razón principal por la que había ido a Nueva York algo más de veinte años antes. Capote se dedicó a ingerir enormes cantidades de alcohol y fármacos y a alternar con sus nuevas amistades, las personas más famosas de su época, para las que se convirtió en una pequeña y maliciosa mascota. Claro que no era una mascota sino un escritor y Capote decidió contar todo lo que había visto. El resultado fue «Plegarias atendidas», que le granjeó el odio y el rechazo de aquellos que alguna vez lo habían celebrado. No era lo que tenía en mente, así que dejó el libro inconcluso: sus oraciones habían sido atendidas pero, como anunciaba desde el título de su libro, por ellas suelen derramarse lágrimas. «Plegarias atendidas» es el monumento a un talento desperdiciado, las últimas noticias de un autor que llegó hasta el final del camino una tarde de verano y descubrió que el sitio al que se dirigía era un espejismo.


Por Luis Ruiz.

"Nevermore", Paul Verlaine.





Nevermore
Vamos, pobre corazón mío, vamos, mi viejo cómplice,
levanta otra vez y pinta todos tus arcos triunfales;
quema incienso rancio en tus altares de oro falso;
siembra de flores los bordes abiertos del precipicio;
¡vámos, pobre corazón mío, vamos, mi viejo cómplice!
Eleva a Dios tu cántico, oh chantre rejuvenecido;
entona, órgano enronquecido, espléndidos Te Deum;
anciano precoz, pon afeites sobre tus arrugas;
cúbrete de tapiz morado, muro amarillento;
eleva a Dios tu cántico, oh chantre rejuvenecido.
¡Sonad, cascabeles; sonad, campanillas; sonad, campanas!
Porque mi sueño imposible ha tomado forma y yo la tengo
entre mis brazos ceñida: la Felicidad, esa alada
viajera que el hombre evita los acercamientos.
¡Sonad, cascabeles; sonad, campanillas; sonad, campanas!
La Felicidad ha caminado codo a codo conmigo;
pero la FATALIDAD en absoluto conoce tregua:
el gusano está en el fruto, el despertad en el sueño,
y el remordimiento está en el amor: tal es la ley.
La Felicidad ha caminado codo a codo conmigo.
-Paul Verlaine

Por Luis Ruiz.