domingo, 10 de octubre de 2010

De mis lecturas.

Terminé de leer "Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones" de Charles Bukoski. Vaya título. En realidad no creo que entre los heterosexuales las cosas sean tan fáciles. Son más conservativos. Sin embargo yo podría escribir un libro mucho más sucio que ese y todo sería verdad. Los hombres somos más desprejuiciados, más animales y sucios. Eso es el sexo. Una lucha de cuerpos, que cuando termina no hay nada más que hacer. El sexo es un instinto animal. El amor es otra cosa. Pero muchos confunden el cuerpo con el corazón. Ambas cosas pueden compensarse; aveces funciona. Una amiga mía dice que le gustaría ser como nosotros. Cómo?-le pregunto. Así como ustedes. Mi amiga y yo comenzamos hablando de arte y terminamos hablando de sexo. Siempre. Entonces nos reímos como diablos y brindamos por nuestra desverguenza.
Recuerdo otra amiga mía, que cuando llegaba a su casa y se estaba bañando, yo me sentaba en el inodoro y conversábamos como si estuvieramos sentados en una terraza tomando café. Nunca pensamos que violabamos alguna regla.
Otra amiga mía, cuando llovía y tronaba tenía que salir al balcón a masturbarse. No podía evitarlo. Tampóco ocultaba sus instintos. Eso ocurría allá en la isla donde las tormentas son tan comunes. Mi amiga es artista, una mujer muy sensible. Y hasta musa de una pintora fué. No sólo en la literatura suceden cosas así.
Confesarlo es diferente. No todos abren las puertas de su cuerpo y dejan entrar al batallón de curiosos, que espera la oportunidad de colarse por una rendija y gozar del espectáculo, para después salir diciendo: Inmoral inmoral inmoral...!



Por Luis Ruiz

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