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domingo, 5 de agosto de 2012

Policia, policia!

A las tres de la mañana me despertaron los gritos de una mujer. Llamaba a la policia. Me asomé a la ventana y no vi nada. Los gritos se sentían cercanos. Tampoco desde el balcón pude ver que sucedía. La algarabía venía desde el pequeño parque que está al lado del edificio. Supuse que se trataba de una de las prostitutas que trabajan en los alrrededores, cuyo cliente exigía de ella algo más de lo pactado. Es un parque para que los niños jueguen, y a la entrada hay un cartel que prohibe fumar dentro y ingerir bebidas alcoholicas. No se prohiben otros actos, al menos no está escrito en el cartel de las prohibiciones. Pero incluso de dia las veo entrar, siempre acompañadas de algún hombre. Luego, de repente cesaron los gritos y no se escuchó más nada. Supongo que llegaron a un acuerdo, o el tipo asustado desistíó. Me costó volver a conciliar el sueño.
A las cuatro llegó el vecino, "el feo" como lo llamo yo. Es feo y pesado. Este también se las trae con sus salidas diarias de madrugada. Lo sé porque al salir y regresar se anuncia con una toz perruna que es su seña de identidad. Y luego aclaró, empezó a anunciarse la mañana. Di algunos cabezasos hasta que me levanté y me preparé un Lattemachiatto.


Por Luis Ruiz.

jueves, 2 de agosto de 2012

Nada de malas noticias.

Cuando estoy de viaje evito las noticias, sobre todo las desagradables. Nada puede malograr el placer de una habitación de hotel, una cerveza fria, la cena frente al rio Elbe, el arte de Rafael, los riscos barrocos de la arquitectura y esas columnas góticas y esos ángeles casi dioses de la antiguedad. Hacer el amor al amanecer antes de ir a desayunar. Dicen que Dresden (ciudad que antes pertenecía a la antigua DDR) es la Florencia del Norte. No sé si exageran, tal vez sí, yo estuve en Florencia y es incomparable, pero lo cierto es que Dresden es bellícima. El clima se ha portado bien, hay que destacarlo. Como nos gusta caminar, andamos hasta que el cansancio nos deposita en uno de esos lugares que creemos ídilicos (según nuestro gusto, huímos de los lugares turísticos), nos sentamos, y Ay; el deleite. Lo que parece una pérdida de tiempo es una purificación del espíritu, el reciclaje de energías positivas y creadoras. La cura. Desde que tengo la posibilidad de viajar, me digo: El mundo somos nosotros (Ralf y yo), nada, nadie, es más importante.


Por Luis Ruiz.