Lo que dicen los libros, o sea las palabras. El sentido sublimar que encontramos en ellos.Por Luis Ruiz.
Mejor quedarse en casa, al menos esa ha sido nuestra desición. La mayoría de los vuelos están cancelados a causa de las nevadas, y las Autopistas llenas de peligros, los accidentes se suceden a diario con resultados fatales. Estos son días de reposo mental y espiritual, así me lo planteo yo, nada de problemas ni ruido en el sistema, nada que pueda alterar el ánimo de recogimiento y paz tan necesario para el cuerpo y el alma.
Tres de la madrugada. No puedo precillarme los ojos e invocar el ángel del sueño. Afuera la noche nevada es una sinfonía silenciosa, apta para espíritus que no son de éste mundo. Así la veo desde la ventana de la biblioteca, desde mis ojos cansados y trasnochados.
El libro fotante, de Michelle Lovcric, lo compré en Barcelona. Confieso que no conocía a la autora, y mucho menos tenía referencia de la obra, simplemente leí la referencia de la contraportada, me interesó, y lo compré. Así he descubierto grandes obras y grandes autores, historias que me han conmovido y me han enseñado mucho, como suele ocurrir con casi todas las lecturas; aprender, siempre aprender.
Y las visitantes que aparecen allí son Eva y Adele. Ya hablé de ellas aquí en éste blog una vez, eran mis vecinas. Se visten de mujer, pero una de ellas es un hombre. Dos personajes muy conocidos de la escena artística berlinesa.
Lo cómico y triste del caso es que, tanto la vieja soplona como el policía, son los primeros que incumplen la ley, porque desde luego, sino no pueden sobrevivir, de hecho eso que hacen es para resguardarse y poder delinquir con licencia de un gobierno que los utiliza y no les paga nada por eso. Ah, y en la primera oportunidad que les den se van. Incluso puede que uno de sus hijos, o un pariente muy cercano sea pinguero, jinetera, contrabandista (de asuntos menores desde luego), y los mantenga con sus ganancias ilegales. Pero eso no es un problema, la vieja chivata y el policía los respaldan. Miren ese dedo acusador, seguro y rotundo, señalando a la próxima víctima. Todos contra todos. De la hecatombe nadie se salva. Ellos serán los próximos, no quepa duda.