jueves, 25 de marzo de 2010

La prensa hoy


Como la merkel se parece cada vez mas a helmut kohl.

Desvelo


Qué hago, hacia dónde miro, de dónde vienen esas voces? Estoy seguro que todas las apariciones proceden de un mismo lugar. Puedo visualizar el orígen de esos sonidos y esas imágenes. Anoche volvieron a aparecer en mis sueños. Sucede con frecuencia. Desperté alterado. Me acerqué a la ventana, miré a la oscuridad, al cielo sin estrellas. Se trataba de otro paisaje, más exuberante, y caótico. De fuerzas encontradas. Sólo sublimado por la memoria de otros tiempos. Una señora amable, gorda, envejecida, sentada a la sombra del portal, meciéndose en su balance, espera. Como todos espera. Nada, nadie, llega. Su hijo, sus hijos, no llegan. Se han ido, lejos; no están. Ella espera. Aveces llora. La noche trae su llanto, lo descompone, lo convierte en rocío. El silencio y la oscuridad convocan a los dioses lejanos, reuniéndolos en una abigarrada comparsa de presencias que escapan. Escapan, escapan... Ah, el mar! Digo que todo se mezcla, el mar con la llanura, el cielo con lo más oscuro. Ciudad, digo: isla de desencuentros. La casa, el jardín. Yo desdibujado, ausente y presente, como un Dios que es sólo espíritu, sin forma ni consistencia, entre todos. Pero sobre todo ausente. Aquí. Inmóvil, desvelado. Entre yo y la oscuridad: los sueños.


Por Luis Ruiz

miércoles, 24 de marzo de 2010

martes, 23 de marzo de 2010

El Cliente

Aquí viene un personaje muy curioso, que da la impresión de no estar muy en sus cabales, y de hecho estoy casi seguro que es así, pero que a mí me parece más que todo un intelectual. Al menos una persona inteligente. Y ya se sabe que los "sesudos" están un poco más allá del límite entre la cordura y el despiste. Usa espejuelos y viste con descuido, además, aveces no huele muy bien. Es jóven, o relativamente jóven. Se me antoja que vive sólo, o sea, que es soltero, uno más de los millones que en éste país no consigue pareja.

Hoy llegó cantando, con un bulto de periódicos y un libro muy grueso, no dejaba de cantar, o tararear una melodía que no logré identificar; una Sinfonía?, porque tal vez era a-musical y nadie podría entenderlo ni aunque la cantara a voz en cuello. Lo miré a él, al libro y los otros papeles, y paré el oído, todo a la misma vez, hasta que lo ví desaparecer.

Por Luis Ruiz

Berlín hoy - GendarmeMarkt